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La importancia de diseñar actividades de aprendizaje “funcionales”

Los docentes, ¿tienen una idea clara acerca de los contenidos que los estudiantes deben aprender?

Es sabido que el desarrollo de las capacidades y de las competencias de un estudiante no se logra con el simple hecho de que el docente “dé la clase”. Es decir, con la exposición de contenidos.

Es necesario que el profesor organice la docencia, a través de actividades de enseñanza, para que los estudiantes realicen dentro o fuera del aula. La razón está en que, para que se produzca el aprendizaje, es necesario e importante especificar qué uso se pretende que el estudiante haga de cada contenido.

Veamos este ejemplo. La clase que dará un docente refiere al tema “Estructura y funciones de la sangre”. ¿Qué espera que logren los estudiantes? ¿Que sean capaces de repetir algunos conceptos claves? ¿Que establezcan relaciones con otras estructuras u otras funciones? ¿Que expliquen su importancia para la resolución de un problema clínico?

La declaración de los objetivos/resultados de aprendizaje es importante, ya que revela hasta qué punto el docente tiene una idea clara de lo que quiere conseguir, pero también qué actividades o tareas deberán realizar los estudiantes para aprender los contenidos.

¿Qué es el conocimiento inerte y qué es el conocimiento funcional? ¿Qué actividades de aprendizaje promueven uno u otro?

Las actividades de aprendizaje son, en primer lugar, acciones. Quien aprende, hace algo con el saber. Puede ser, en principio, cualquier cosa: leer, copiar, subrayar, repetir. Son un medio para asimilar información, adquirir o construir conocimiento. Pero también para aprenderlo de una determinada manera, de forma que sea funcional, que pueda utilizarse como instrumento de razonamiento.

En principio, las actividades de aprendizaje –sean del tipo que sean– no constituyen un campo desconocido para ningún docente. De una forma u otra, con mayor o menos complejidad, existen ocasiones en que los estudiantes deben realizar una tarea que puede consistir en responder preguntas, realizar ejercicios o simular situaciones, por ejemplo.

Una clasificación de actividades de aprendizaje distingue entre aquellas que promueven el conocimiento inerte, del conocimiento funcional.

El conocimiento inerte sería el que puede manifestarse solo en situaciones o ante preguntas directas. Es decir, que hace que el estudiante reproduzca de manera más o menos literal aquello que ha adquirido como conocimiento.

El conocimiento funcional, en cambio, es evocado en múltiples situaciones. Ante la pregunta indirecta, ante un problema y, sobre todo, ante los hechos reales que hacen pertinente su utilización. El conocimiento funcional es un instrumento mediante el cual se clasifica, se explica la realidad o se resuelven los problemas que se presentan. El conocimiento del experto es, por definición, conocimiento funcional.

Las implicaciones que esta clasificación conlleva para la formación, son evidentes. Se trata de decidir, para cada contenido, a qué categoría se asigna: si a la del conocimiento inerte o a la del conocimiento funcional.

La principal decisión que debe tomar el docente, una vez definidos los contenidos que han de aprenderse, es en qué proporción los conocimientos propios de su materia tendrán que ser necesaria y obligadamente funcionales, y en qué proporción podrán ser inertes.

Esta distinción permite clasificar las actividades de aprendizaje en dos categorías: las que solo reproducen y las que aplican la información.

  • Las actividades que reproducen los contenidos de información –generalmente de la forma más literal y exacta posible– son las de memorización. No son forzosamente triviales, sino que pueden ser complejas, como ocurre con aquellas que requieren especificar semejanzas y diferencias.
  • El otro tipo de relación con la información corresponde a las actividades de aplicación. En ellas, la información que hay que utilizar también está especificada, pero el proceso ya no consiste en la simple repetición sino en su uso. Se aplica a un caso o ejemplo concreto.

En las actividades de resolución de problemas el contenido que hay que aplicar no está especificado, sino que debe ser averiguado por el estudiante, por lo que su realización requiere tomar decisiones sobre qué información hay que aplicar.

Las actividades de resolución de problemas representan un grado mayor de complejidad que las actividades de aplicación. No obstante, en la secuencia de actividades de aprendizaje, el salto cualitativo más importante está representado por la introducción del caso.

En síntesis, las actividades de memorización producen conocimiento inerte. Las actividades de aplicación y de resolución de problemas generan conocimiento funcional.

Texto adaptado de Penzo, W. (2010). Guía para la elaboración de las actividades de aprendizaje. Barcelona: ICE y Ediciones OCTAEDRO.

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