Escuela de Invierno 2026: evaluar e innovar en tiempos de inteligencia artificial

14/08/2026
La segunda edición de la Escuela de Invierno de la Universidad ORT Uruguay reunió a docentes de distintas facultades para reflexionar sobre los desafíos de la enseñanza universitaria y compartir experiencias significativas.
Vista del auditorio de ORT Rambla desde atrás, en la que se ven los docentes

¿Cómo formar profesionales en un escenario en el que la inteligencia artificial ya transforma la manera de aprender, de trabajar y de producir conocimiento? Esa fue una de las preguntas que atravesó la segunda edición de la Escuela de Invierno “Enseñar, evaluar e innovar en tiempos de inteligencia artificial: experiencias docentes para aprendizajes relevantes”: una propuesta formativa especialmente diseñada para los docentes de la Universidad ORT Uruguay.

Organizada por el Centro de Actualización en la Enseñanza Superior (CAES), con el apoyo de People, la propuesta reunió durante dos jornadas a más de un centenar de docentes de distintas facultades en conferencias, talleres y espacios de conversación orientados a la actualización, el intercambio y la construcción colectiva.

Más que discutir el uso de nuevas herramientas, la edición 2026 invitó a revisar preguntas de fondo: qué enseñar, cómo evaluar y qué experiencias de aprendizaje diseñar en un contexto atravesado por la inteligencia artificial.

Joaquín Gairín: trabajar en equipos docentes es posible y necesario

“Lo que nos guía es mejorar en nuestra actividad profesional y mejorar en el contexto en el que actuamos, que es la formación universitaria”, aseguró el Dr. Joaquín Gairín, durante la conferencia “Desarrollo de la innovacion educativa en la universidad: trabajar en equipos docentes es posible y necesario”.

El catedrático de Didáctica y Organización Escolar en la Universitat Autònoma de Barcelona detalló que los buenos profesores comparten una característica en común: reflexionan de manera permanente sobre su propia práctica, identifican errores e introducen cambios.

Sin embargo, advirtió que la reflexión individual, por sí sola, “no produce cambios” ni “es suficiente”. Tampoco alcanza con que un profesor actúe bien e intente mejorar de manera aislada. “Muchas veces la acción individual queda mermada por la no acción de otros colectivos”, advirtió. “Necesitamos que lo hagan de manera coordinada con otros profesores y en un marco institucional que permita el cambio”, añadió.

Dr. Joaquín Gairín durante su presentación

“¿Realmente se puede conseguir trabajar colaborativamente en la universidad o es un sueño?”, interrogó Gairín. A través de distintos ejemplos, intentó demostrar que no solo “es una realidad posible”, sino que, además, es necesaria.

¿Cómo lograrlo? El experto brindó algunas claves a tener en cuenta, como fomentar la interdisciplinaridad frente a un sistema que promueve desarrollos individuales. El desafío, explicó, no está tanto en el aprendizaje individual —que ya ocurre—, sino en cómo impulsar aprendizajes colectivos capaces de trascender a las personas.

El gran reto es pasar de lo individual a lo colectivo y, sobre todo, de lo colectivo al funcionamiento global, de tal manera que el conocimiento permanezca, aunque las personas pasen.

Gairín también propuso revisar una idea extendida en la educación superior: que el estudiante debe ser, necesariamente, el centro de la universidad. “¿Cuál es el foco de las universidades?”, preguntó. Según explicó, en el contexto europeo se instaló esa concepción, aunque él planteó otra perspectiva.

“El foco fundamental y lo que justifica la universidad es el conocimiento. Su objeto principal es cómo es la realidad, cómo funciona, qué variables inciden y cómo podemos cambiarla”, sostuvo. Desde esa mirada, agregó que el mejor profesor es aquel que “está actualizado, que conoce bien su campo de intervención y que sus investigaciones las traslada al campo de la docencia”.

Joaquín Gairín durante la presentación en la Escuela de Invierno

El estudiante no es el centro: somos todos”, sentenció. A su entender, no es posible “sustituir el esfuerzo del estudiante por el esfuerzo del profesor”, ya que el estudiante aprenda no es “únicamente un problema del profesor”. El estudiante debe ser parte del proceso de aprendizaje porque, si no lo es, también será “parte del fracaso del resultado”.

El mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje no es un problema del profesor, también es un problema del estudiante.

En esa línea, cuestionó que las iniciativas de mejora educativa se concentren únicamente en intervenir sobre el profesorado y sus metodologías. “Si queremos mejorar, hemos de incidir también en el estudiante y en la institución”, afirmó. Para ilustrar, señaló que un profesor puede proponerse desarrollar clases más activas, pero difícilmente podrá hacerlo si la institución no dispone de espacios adecuados para favorecer la interacción o de recursos que acompañen esas prácticas.

“No es suficiente, para generar un cambio efectivo, el esfuerzo individual. No es suficiente el esfuerzo colectivo. Es necesario también el compromiso institucional, y eso se debe compaginar”, destacó. Es que, en sus palabras, el resultado de la formación depende de “diferentes variables”. Si bien dijo que “está bien” incidir en alguna, no se puede olvidar del resto. “Conseguir mejor calidad en la formación es un problema de todos”, concluyó.

Martín Rebour: formar profesionales en tiempos de inteligencia artificial

¿Qué cambia en la formación universitaria cuando la inteligencia artificial puede explicar, traducir, corregir o programar en segundos? El Dr. Martín Rebour, asesor en proyectos de postgrados del Instituto de Educación, partió de esa transformación para analizar los desafíos y las oportunidades que la inteligencia artificial plantea en materia de educación superior.

En su conferencia titulada “Formar profesionales en tiempos de inteligencia artificial”, rememoró cómo distintas tecnologías —desde la imprenta hasta internet— modificaron la producción y circulación del conocimiento. No obstante, en el caso de la inteligencia artificial, destacó que no se trata de “una tecnología más”, sino que supone una “transformación mucho más profunda”, que interpela las prácticas de enseñanza y de aprendizaje.

Martín Rebour durante la Escuela de Invierno 2026

Para llevar esa discusión a las prácticas concretas, Rebour propuso a los docentes trabajar de forma colaborativa, a partir de tres preguntas disparadoras:

  • ¿Qué estamos enseñando hoy en nuestros cursos por pura inercia o tradición, aunque sabemos que la profesión ya no lo requiere o que una tecnología lo resuelve en segundos?
  • Si la tecnología asume la ejecución técnica, ¿cuál es el valor humano irreemplazable que debemos cultivar?
  • ¿Cuáles son las competencias necesarias para la próxima década, que debería tener el perfil del egresado 2035?

“No es que tenga muchas respuestas”, reconoció Rebour, quien se centró en ordenar algunas reflexiones para seguir pensando las preocupaciones de los docentes.

La pregunta no es qué puede hacer la inteligencia artificial por la universidad, sino qué universidad necesitamos para formar profesionales capaces de trabajar inteligentemente con ella.

¿Qué queda para los docentes en un mundo en el que la inteligencia artificial puede asumir cada vez más tareas? ¿Qué experiencia vale realmente la pena diseñar para enseñar? ¿Cómo una clase podría ser más interesante en este contexto altamente tecnologizado? Según indicó Rebour, ya no alcanza con explicar contenidos, sino que se necesita “iterar, discutir, dialogar, experimentar y equivocarse”: “Nos queda el interpretar, el dar contexto al significado, el integrar. Si hay algo que tiene el docente es experiencia profesional”.

En ese escenario, sostuvo que una de las principales tareas del profesorado consiste en desarrollar las competencias que los futuros profesionales necesitarán. Trabajar a partir de problemas auténticos, promover abordajes interdisciplinarios y evaluar los procesos formativos —y no solamente los productos finales— fueron algunas de las pistas que Rebour compartió.

Martín Rebour hablando con docentes durante la Escuela de Invierno

Al mismo tiempo, en el centro de esa formación ubicó el desarrollo del criterio profesional, en el cual intervienen pilares como el pensamiento crítico, la dimensión ética y la capacidad de resolución de problemas. “El mayor valor del docente es ayudar a construir criterio profesional”, afirmó, porque “es lo que va a hacer la diferencia”.

Lo que es irreemplazable del docente es acompañar, es estar con el cuerpo, con la oreja, con los ojos. Es acompañar a los estudiantes y darle sentido a lo que se está haciendo.

La incorporación de estas tecnologías abre posibilidades vinculadas, entre otros aspectos, con la multimodalidad y la autonomía de los estudiantes, pero también presenta riesgos. La ilusión de la comprensión, la superficialidad, la dependencia y la pérdida del esfuerzo cognitivo, por ejemplo.

Para abordar esa tensión, Rebour propuso pensar la tecnología como un andamio para el aprendizaje: un apoyo que permite avanzar en la construcción del conocimiento y que puede retirarse progresivamente a medida que ese conocimiento adquiere solidez.

“Lo que permite es que uno empiece a construir y, a medida que aquello va tomando solidez, uno puede ir retirando los andamios y queda la estructura”, explicó. En esa analogía, el edificio es el conocimiento y la tarea docente consiste en ofrecer el andamiaje necesario hasta que pueda sostenerse por sí mismo: “Y ahí no se cae el edificio, ya que el conocimiento quedó”.

Experiencias que cruzan facultades

Con la convicción de que el aprendizaje entre pares es una de las mejores formas de seguir fortaleciendo la formación, los docentes de ORT tuvieron la oportunidad de conocer experiencias desarrolladas por otros colegas y compartir espacios de intercambio.

Docentes trabajando en equipo durante la Escuela de Invierno

Ese espíritu se plasmó en cinco talleres simultáneos, organizados por las facultades y abiertos a docentes de toda la Universidad ORT Uruguay. Las propuestas partieron de experiencias concretas para compartir aprendizajes, identificar prácticas transferibles y discutir desafíos comunes vinculados con la enseñanza, la evaluación y la innovación.

Los talleres abordaron distintas dimensiones de la práctica universitaria: desde el uso de inteligencia artificial para desarrollar el pensamiento proyectual y crítico en la Facultad de Arquitectura hasta los aprendizajes surgidos del proceso de acreditación internacional de la Facultad de Administración y Ciencias Sociales.

Docentes trabajando juntos durante la Escuela de Invierno

También se compartieron experiencias sobre la incorporación de la investigación y la inteligencia artificial al aula desde la Facultad de Comunicación; el acompañamiento de trayectorias estudiantiles diversas desde la Facultad de Diseño; y un proceso de revisión y mejora de las prácticas docentes desarrollado en la Facultad de Ingeniería.

Una universidad que aprende de sus docentes

“Soy, sobre todo, una profesora que intenta aprender”, indicó la Dra. Denise Vaillant, decana del Instituto de Educación, durante la apertura de la Escuela de Invierno. De acuerdo con lo que expresó, la segunda edición no solo buscó intercambiar sobre los temas que la convocan —la formación, la innovación y la inteligencia artificial—, sino también “colaborar y poder compartir los aprendizajes” entre colegas, además de impulsar un “diálogo informado” con nuevas ideas y reflexiones.

También se refirió a los desafíos que implica transformar esas discusiones en cambios concretos. “En Uruguay tenemos muchas cosas que nos caracterizan y que son buenas en nuestra cultura. Pero tenemos otras que quizás tenemos que superar, como la lentitud en la velocidad de los cambios”, afirmó, al destacar que la transformación digital interpela de manera permanente a las instituciones educativas.

Denise Vaillant durante la Escuela de Invierno

La Dra. Andrea Tejera Techera, coordinadora académica del Centro de Actualización en la Enseñanza Superior (CAES), puso el foco en el valor de generar espacios de intercambio entre docentes de distintas áreas. “La Escuela de Invierno nos permite amplificar como universidad”, sostuvo.

En su intervención, invitó a los docentes a reconocerse como “líderes y responsables”, más allá de los diferentes roles que ocupan en la universidad, para avanzar en la búsqueda de “respuestas situadas a los problemas”.

Al mismo tiempo, recalcó el papel de los talleres simultáneos, en los que equipos de diferentes facultades compartieron experiencias para “pensar y repensar las prácticas”, así como para identificar posibles líneas de mejora.

Dra. Denise Vaillant, Dr. Joaquín Gairín, Dra. Andrea Tejera Techera

 “¿Por qué una universidad dedica tanto tiempo a este tipo de actividades?”, planteó el Dr. Pablo Landoni, vicerrector académico de la Universidad ORT Uruguay, durante el cierre de la Escuela de Invierno. A su juicio, la respuesta está en la propia naturaleza de la institución universitaria: “Una universidad es un lugar donde los docentes ocupan un espacio importante”.

El vicerrector manifestó que estas instancias permiten incorporar la actualización y la profesionalización docente a los procesos de formación. Para mantener estos temas en agenda, planteó la importancia de “conversar entre docentes”, debido a que la universidad ha aprendido que reunirse con colegas genera “dinámicas, comunidades de aprendizaje y diálogos sorprendentes e innovadores”.

Para las autoridades, agregó, el desafío consiste en “escuchar”, “implementar” y recoger las ideas surgidas, para transformarlas “en proyectos y en actividades”. “Estamos en una universidad activa, dinámica, innovadora y queremos que buena parte de las iniciativas y de los proyectos innovadores nazcan de encuentros como este”, concluyó.

Galería de imágenes

“Experiencia”, “motivación”, “colaboración”, “conocimiento”, “transformación”, fueron algunas de las palabras que los docentes destacaron y dijeron llevarse al finalizar la segunda edición de la Escuela de Invierno.

Escuela de Invierno - Agosto 2026

La Escuela de Invierno 2026 se vinculó con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4, orientado a promover una educación de calidad. Las reflexiones sobre innovación educativa, trabajo colaborativo entre docentes, evaluación e inteligencia artificial apuntaron a fortalecer procesos formativos más pertinentes, críticos y actualizados, capaces de preparar profesionales para intervenir con responsabilidad en contextos complejos.